Un poco de aquí y un poco de allá, un lugar donde los pensamientos y las emociones son compartidas, sin el temor de que nadie las pueda juzgar...
Voy a empezar este diario por el principio real, no por el bonito.
En 1996 recibí mi primer diagnóstico: diabetes tipo 1 de aparición brusca. No fue una sospecha ni un cuadro leve; fueron los síntomas clásicos y agresivos: mucha sed, agotamiento extremo y pérdida de peso rápida. Yo era muy pequeña. Y aunque a mi corta edad ya llevaba un camino recorrido, no entendía del todo lo que estaba pasando, pero sí entendía las caras. Las miradas de preocupación, los comentarios alarmistas y el miedo a lo desconocido.
Me enfrenté a la lástima de quienes no sabían mirar más allá, en una época en la que los avances tecnológicos no existían como ahora y el acompañamiento emocional era prácticamente escaso. Por aquel entonces no había espacio para la salud mental en el proceso. Y aunque las cosas han cambiado, sigue faltando mucho acompañamiento en muchos sitios. De esos avances y de esa carga hablaremos en otro momento.
Hay un recuerdo que se me quedó grabado para siempre. Ese momento en el que entendí que querían ponerle límites a mi futuro. Pero desde aquel primer diagnóstico, lo único que he hecho ha sido elegir qué papel quería interpretar en este teatro llamado vida. Sin condicionamientos, sin tener que encajar en moldes ajenos y sin permitir que nadie más decida por mí lo que puedo o no puedo llegar a hacer.
Este primer viaje y toda esta aventura va dedicada, desde luego, a mí. A esa versión de 1996, para mirarla a los ojos y decirle: «Tranquila, pequeña, que aquí estamos. Lo hemos conseguido
Conocimos a Flan en redes sociales, a través de la asociación @asociacionronroneoscallejeros, en Horcajo de Santiago. Su mamá fue rescatada y tuvo varios bebés — entre ellos, Flan, que ya nació así. Nos enamoramos de él nada más verlo. Qué es la ataxia cerebelar La ataxia cerebelosa afecta al cerebelo, la parte del cerebro que coordina el movimiento voluntario. No es debilidad muscular — Flan tiene fuerza, lo que le falta es coordinación fina. Por eso camina con las patas más separadas de lo normal, con movimientos algo exagerados, y le tiembla el cuerpo al concentrarse en algo como comer o beber. Existen varios tipos de ataxia felina según la zona afectada: cerebelosa (como la de Flan), vestibular (oído interno) y sensorial (nervios y médula). En los casos congénitos como el suyo, no tiene cura — pero sí mucha calidad de vida posible con los cuidados adecuados. Cómo hemos adaptado la casa Desde el comedero hasta cualquier rincón — hemos ido cambiando lo que él ha ido pidiendo, siguiendo su ritmo. Una de las cosas más importantes: tener diferentes texturas en el suelo. El contacto con superficies distintas le ayuda a situar mejor sus patas y ganar seguridad al moverse. Alimentación Flan gasta mucha energía por sus movimientos involuntarios, así que necesita una alimentación completa de calidad. Come sobre todo comida húmeda de dieta completa. Como tiende a acumular sarro, las algas le ayudan como complemento a mantener la dentadura. Flan es uno de los tesoros de nuestra pequeña tribu.